
Friedrich Nietzsche
1.- Características generales del vitalismo.
2.- Actitud filosófica fundamental.
3.- Crítica a la cultura occidental.
3.1.- Crítica a la moral.
3.2.- Crítica a la religión cristiana.
3.3.- Crítica a la filosofía.
3.4.- Muerte de Dios.
4.- El hombre.
5.- La moral y el superhombre.
La filosofía vitalista tiene como
primera distinción de las filosofías tradicionales entender la realidad como
proceso. Sin hacer metafísica tratan del ser en devenir, es decir, son
herederos de Heráclito. En lo antropológico la libertad es no sólo
característica de la voluntad, sino esencia del ser hombre. Además se
abandona el concepto tradicional de razón (abstracta, especulativa o
científica) para considerar la razón como vital o histórica.
El vitalismo marchará paralelo a otra
corriente filosófica que coincide con él en estas características y en la
crítica a las filosofías predominantes del sg. XIX (idealismo y
positivismo). Ésta es el historicismo, cuyo principal representante es
Dilthey.
El vitalismo tiene dos principales
manifestaciones. La primera de carácter científico cuyo principal portavoz
es Hans Driesch, según la cual es reacción contra el mecanicismo
materialista que propugna la reductibilidad de lo vivo a los procesos
físico-químicos de la materia inerte. Postula la existencia necesaria de un
principio vital ajeno a la materia que explica los complicados fenómenos de
lo viviente. La segunda manifestación es de carácter filosófico, y es la que
propiamente se llama vitalismo o filosofía de la vida. A ésta se debe que la
filosofía consiguiera alejarse de las "intromisiones científicas" sobre todo
de las físicas; precisamente por remarcar el carácter diferenciado de las
realidades vitales no susceptibles de un tratamiento sólo matemático.
También se debe al vitalismo la reacción contra el racionalismo exagerado
que supuso el idealismo alemán posterior a Kant. Por estas razones los
vitalistas exaltan:
1.
La vida como realidad radical.
2.
Ontológicamente, la vida es lo sustancial del hombre.
3.
Gnoseológicamente, conocer la realidad prescindiendo del
razonamiento y utilizando la vivencia, la intuición que simpatiza con lo que
quiere conocer (más que razonar sobre las cosas hay que tener experiencias
vitales de ellas o con ellas).
4.
Axiológicamente (filosofía de los valores) no hay otro
criterio para jerarquizar los valores, que determinan qué es lo bueno y lo
malo, más que la vida.
No debemos entender el concepto vida
únicamente como el proceso biológico que se desarrolla durante un período de
tiempo afectando a lo animal en el hombre, sino más bien del modo más amplio
posible.
Los principales filósofos serán Henry
Bergson (desarrolla su labor en el sg. XX), y el precursor Shopenhauer, que
sin ser propiamente vitalista fue el contemporáneo de Hegel que más
radicalmente se opuso a su filosofía, hasta su muerte en 1861. Lo más
espectacular de su filosofía es su radical pesimismo: "La filosofía es un
saber en cierto modo despiadado, no edificante; ha de servir no para hacer
más fácil nuestra angustiada vida sino para agravar esta característica,
porque exagerar que la vida es angustiosa, es lo único continuador de Kant".
Afirma que la esencia más íntima del mundo, el auténtico noúmeno es la
voluntad de existir, que definimos como impulso de continuar en el ser sin
finalidad, desde lo inanimado hasta la inteligencia humana. Más importante
fue su aportación a la que luego será el vitalismo: tras la razón debemos
concebir algo irracional, más importante, más edificante, que constituirá
una voluntad única, que se esfuerza en dar explicación al mundo.
Nos encontramos ante un autor de
espíritu trágico, que en alguna de sus obras da la impresión de asumir el
papel de profeta de la destrucción de la cultura europea. En el libro el
nacimiento de la tragedia contrapone el mundo del orden y la medida
(encarnado por el Dios Apolo), frente al mundo del caos, de la embriaguez
(encarnado por el Dios Dionisos). Proclama Nietzsche la existencia de un
antagonismo irreductible, lo Apolíneo y lo Dionisíaco. Reconocer ese
enfrentamiento es la esencia del pensamiento trágico, aquel que se niega a
someterse a cualquier justificación de la vida y de lo real.
Ningún concepto metafísico o teológico
puede explicar la realidad y su única manifestación, la vida. Hay que
afirmar sin condiciones, la VIDA y el DEVENIR. Pero eso sólo es posible
gracias al gran acontecimiento de la modernidad: la muerte de Dios.
Hay en Nietzsche una constante
profesión de ateísmo, que publica reiteradamente con la expresión: "Dios ha
muerto". Pero Dios no es sólo una tesis de algunos filósofos creyentes, sino
la condición última, definitiva de la existencia de todo lo sensible. Toda
la cultura occidental y la metafísica que la fundamenta se ha construido
sobre la distinción, entre el mundo espiritual y el mundo sensible, situando
a Dios en la cúspide de toda la realidad. Para Nietzsche el ateísmo trágico
debe suprimir esta metafísica, para que sólo sobreviva el espíritu del
hombre. Así reivindicamos a Dionisos, porque él simboliza la afirmación de
esta tierra como único mundo.
El problema de nuestro autor es pasar
de lo negativo a lo positivo. Por un lado es destructor de ídolos y por otro
lado debe levantar nuevos ídolos. Hay que destruir aquellos ideales que
carecen de vida para identificar el nuevo lugar que ocupará el hombre. En el
aspecto negativo se encuentra el entendimiento humano que critica y en el
aspecto positivo la historicidad, que es la vida (por historicidad se
entiende la conciencia que posee el hombre de su propio transcurrir en el
tiempo).
El fuego purificará lo racional
permitiendo que resurja lo vital (la historicidad positiva). Cuando se
siente la separación entre lo racional y lo vital se formula la pregunta
¿qué es el hombre?
El principal error de la moral
tradicional es su "antinaturalidad", su ir contra la naturaleza, contra la
vida. La base de esta moral es el platonismo, que evoluciona en la
metafísica cristiana. Es una evasión del hombre real, concreto, para imponer
un "hombre celestial". Algunos comentaristas de Nietzsche opinan que la
crítica a la moral no es general, es contra la moral burguesa de su tiempo.
La afirmación de un único mundo que
está más allá del bien y del mal apunta a un radical cambio de valores. La
vida es el principio supremo que destruye los valores tradicionales de la
filosofía occidental y de la religión. La moral cristiana es una moral
esclava, sobre ella debe triunfar la moral de los señores, que llenos de
vida e identificados con la tierra se imponen por la fuerza.
Todas las religiones nacen del miedo,
de la impotencia del hombre frente a sí mismo. El cristianismo concentra, en
la crítica de nuestro autor, todos los males de las religiones: invención de
otro mundo, imposición de la moral de los débiles, y el concepto de pecado
que pretende la aniquilación de los valores de la vida.
Conviene recordar los precedentes de la
Ilustración y de Feuerbach en la crítica a la religión. En Nietzsche su
origen platónico y el concepto de Dios fundamentan la crítica a la religión.
La consideración del ser como estático
permite el dogmatismo de las elaboraciones conceptuales de los filósofos, a
partir de Sócrates. Lo que esconde el idealismo es la base de la metafísica
occidental: el odio a la vida y al mundo. Lo único real es el devenir y, en
consecuencia, la apariencia y el fenómeno. Admite Nietzsche abiertamente a
Heráclito ("el único filósofo que no ha falseado la realidad") y a Hegel
(por considerar la realidad en continuo devenir dialéctico, no en su
idealismo). Rechaza a Kant por la distinción noúmeno/fenómeno (recuerda a
Platón).
La muerte de Dios es el resumen de las
críticas a la moral, al cristianismo y a la metafísica. Es lo que le impide
al hombre ser hombre. La llegada del superhombre exige derribar los
cimientos de Occidente: Dios. Desde el antropocentrismo del Renacimiento a
la divinización de la ciencia por el Positivismo, pasando por la
fundamentación racional de Dios del Racionalismo y la Ilustración, la
modernidad lleva a la muerte de Dios. Somos nosotros (el hombre) los que
hemos matado a Dios.
Algunos comentaristas señalan que
nuestro autor no se dirige tanto al Dios bíblico, como al creado por las
versiones históricas del cristianismo. Se crítica el Dios de la teología
cristiana y parece que se respeta la figura histórica de Cristo.
Todo lo que era válido es ahora caduco.
Con respecto al hombre, el análisis racional no demuestra más que su
miseria. Hay que establecer por tanto una meta ideal que el hombre debe
alcanzar. La psicología muestra que la absoluta espontaneidad de la libertad
humana es el medio mediante el cual el hombre se produce a sí mismo. Por lo
tanto la libertad muestra el ideal, lo que el hombre debe llegar a ser:
superhombre. No es una realidad, no existe, es sólo un ideal.
En la concepción de la naturaleza
humana de Nietzsche predomina lo biológico, el hombre es uno de los
animales, todo lo que ha hecho y hace el hombre es continuación de la
animalidad. Pero el hombre es el único animal todavía no fijado. Los demás
animales tienen en el instinto el medio infalible para llegar a ser lo que
son, y el hombre no. Hay algo fundamentalmente defectuoso en el hombre, dice
Nietzsche que es como una enfermedad en el universo, y eso, sin embargo,
constituye a la vez su valor. ¿Qué es lo que hace que el hombre se convierta
en la enfermedad del universo? ¿Qué hace que aún el hombre no esté fijado?.
Seguramente está en que el hombre ha innovado, ha provocado al destino más
que ningún otro animal. Ha sido el único en luchar con el animal y con la
naturaleza para llegar a dominar. Ha sido el único eternamente vuelto hacia
el futuro.
El mayor peligro del hombre está en
volver a ser como los otros animales, en dejar de ser enfermedad, en
convertirse en animal doméstico y acabar fijado de esta errónea manera.
Por ser el hombre el único animal no
fijado puede cambiar. La capacidad de cambio constituye su libertad. El
hecho de las libertades nos introduce en la moralidad. El hombre que no se
somete a las leyes de la naturaleza obedece a una moral, y bajo esa moral
llega a ser lo que es.
Nietzsche reacciona contra todas las
morales que han existido. La multiplicidad y el origen demuestran su falta
de valor. Si son muchos no pueden pretender ser universales y todas tienen
su origen para afirmar a unos hombres sobre otros.
Hay que encontrar el ser auténtico del
hombre, dentro de unas nuevas exigencias:
1-
Sustituir la conciencia de libertad por la actividad
creadora sin más.
2-
Suprimir el deber ser de la moral por la moral de la
naturaleza misma.
Es cierto que al creer a la moral
condenamos a la vida; por lo tanto, aniquilemos la moral para liberar la
vida. Hay que atreverse a ser inmoral o amoral como la naturaleza. Las
morales concretas han sido el engaño de los débiles frente a los fuertes.
Entramos así en la teoría del
superhombre. El hombre se convertirá en superhombre ejerciendo su voluntad
de poder. El superhombre es una meta para superar el fracaso que han
supuesto los diferentes ideales de hombre propuestos desde los más variados
ámbitos (la sicología, la religión, la moral, etc.)
Ya que Dios ha muerto debe vivir el
superhombre. Hay que esperar que llegue un salvador capaz de triunfar sobre
Dios y la nada. Sencillamente un sustituto de la divinidad.
Hay que entender el concepto
superhombre desde el radical nihilismo, que caracteriza el pensamiento de
Nietzsche. Una vez rechazado todo valor; una vez que se manifiesta el puro
devenir (el cambio sin más), carente de finalidad; la ausencia de sentido y
valor es la condición indispensable para dar un nuevo sentido a la vida. Así
existen dos tipos de nihilismo,
1)
pasivo: ausencia de todo valor, y
2)
activo: el que pone de manifiesto en qué consiste el valor
como tal (en definitiva, carecer de valores).
La voluntad de poder, que caracteriza
el superhombre sólo puede surgir en el hombre liberado, capaz de permanecer
fiel a la tierra (el único mundo real que existe: la naturaleza), eliminando
toda esperanza supranatural. Más que una nueva raza el superhombre es otra
versión de la afirmación trágica que dice sí al devenir, al pasar, al puro
cambio, al sin sentido, a la nada (al no ser).


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