Ilustraciones: Letras Libres / Mauricio Gómez Morín

 

Interculturalidad en salud en Chile: de la teoría a la práctica
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Margarita Sáez Salgado

 

Introducción

Como en la gran mayoría de los países latinoamericanos, la situación social en Chile presenta una gran diversidad étnica y cultural, que se reproduce en espacios urbanos y rurales. Este país ha iniciado en los últimos años un camino donde los conceptos de “identidad”, “participación” e “interculturalidad” predominan en las distintas políticas públicas hacia los pueblos originarios.

El concepto de “diversidad” se ha expresado en múltiples aplicaciones en materia de políticas públicas y una de las que presenta mayor desarrollo es la relacionada con los pueblos indígenas. Desde la década del 90 del siglo pasado, Chile viene desarrollando numerosas iniciativas, estrategias, planes y programas en materia de salud y pueblos indígenas.

Los esfuerzos realizados desde el Estado por reconocer la diversidad buscan provocar un acercamiento entre paradigmas, un encuentro de distintas formas de entender y enfrentar el proceso salud-enfermedad: “lo oficial” y “lo indígena” bajo el concepto de “interculturalidad”. Significa no sólo un contacto entre culturas, sino un intercambio basado en el respeto. Es un proceso dinámico y permanente de comunicación y aprendizaje entre culturas, en condiciones de legitimidad mutua e igualdad, que se construye entre personas y grupos, y entre conocimientos y prácticas culturalmente distintos.

La interculturalidad en salud se refiere a una estrategia transversal que considera, utiliza y potencia conocimientos y prácticas en torno al proceso salud-enfermedad-atención, tanto de la medicina oficial como de las medicinas indígenas. Desde la política ministerial en salud, el enfoque intercultural se propone situarse en las estrategias de curación, rehabilitación, prevención y promoción de la salud, e intenta desarrollar el reconocimiento, el respeto y la comprensión de las diferencias culturales de los pueblos y la complementariedad de sus conocimientos y sus recursos en salud. Respecto del marco legal, en el artículo 16 de la Ley de Autoridad Sanitaria se establece que es deber del Ministerio de Salud: “formular políticas que permitan incorporar el enfoque intercultural en los programas de salud en aquellas comunas con alta concentración de población indígena”[1].

Hasta ahora, el enfoque intercultural ha estado orientado, por una parte, a producir un impacto en el modelo de atención, desarrollando estrategias para la pertinencia cultural en la organización y provisión de servicios de salud; por otra, a intentar una complementariedad de sistemas médicos en pos de una salud más integral. Este proceso ha adquirido diversas expresiones según particularidades regionales, pero con un eje principal: lograr la participación y el compromiso de los pueblos originarios en procesos donde el sector público de salud intenta ejercer un liderazgo.

Este trabajo ha significado un despliegue de voluntades, habilidades y aprendizajes, tanto para el mundo indígena como para el sector salud, en el cual las ciencias sociales han jugado un papel importante.

El derecho a la diferencia

Recogiendo los llamados de los organismos internacionales –en especial de la Resolución V de la Organización Panamericana de la Salud, OPS/OMS[2][3], en orden a avanzar desde los ministerios en la generación de estrategias nacionales en materia de salud de los pueblos indígenas–, los procesos desarrollados en el Servicio de Salud Araucanía de la IX Región por el Programa con Población Mapuche iniciado en 1992[4] y el mandato de la Ley Indígena de 1993, que señala la responsabilidad del Estado y de sus instituciones en el reconocimiento, respeto y protección de las culturas indígenas, comienza a implementarse en nuestro país, a partir de 1996, una línea de trabajo ministerial en esta materia, que deviene en un Programa Especial de Salud y Pueblos Indígenas, dedicado a la generación de orientaciones técnicas y políticas en salud intercultural en todo el país.

A partir de la Ley Indígena, para algunos sectores se estableció un mandato específico de priorización en esta materia. Hasta hace muy poco, no existía un marco legal en salud para el desarrollo de la interculturalidad. El enfoque ha debido crearse sobre la marcha, como producto del trabajo de personas que, en un proceso de reflexión crítica, se dieron a la tarea de cambiar la tradición imperante: la no diferenciación en salud.

¿Sobre qué evidencia sustentar un cambio tan importante? Sin duda, la epidemiología es la herramienta con que se ha intentado conocer las condiciones de vida y la situación de salud de los pueblos indígenas, estudios que se han realizado sólo en algunos territorios.

La preocupación mayor ha sido por mejorar la equidad en el acceso y la oportunidad y calidad de la atención. Disminuir las brechas en la situación de salud de los pueblos indígenas no está ausente del sentido y contenido de los objetivos sanitarios, más aún cuando las evidencias epidemiológicas señalan altos niveles de correlación entre alta concentración de población indígena y mayores grados de riesgo y daño en la salud. Esta situación ha obligado a fortalecer la red de servicios, mediante el aumento de las rondas médicas a zonas rurales, mejora de las condiciones físicas de establecimientos, creación de hogares de acogida para las familias que acompañan al enfermo, compra de medicamentos y financiamiento de exámenes de mayor complejidad, entre otras acciones.

En este contexto, en el sistema de salud oficial se iniciaron, desde hace más de una década, diversas experiencias con enfoque intercultural. Esto ha sido posible gracias a los equipos de trabajo en 24 servicios del país, que dan muestras de un incipiente cambio cultural en el modelo de salud imperante.

La participación indígena es un requisito indispensable para el desarrollo de programas y planes locales y regionales en salud y pueblos indígenas, no limitándose a las etapas de diagnóstico y definición de necesidades. La apuesta es contribuir al mejoramiento de la situación de salud de los pueblos originarios a través del desarrollo progresivo de un modelo de salud con enfoque intercultural, que involucre su activa participación en la construcción, ejecución, control y evaluación del proceso[5].

El proceso de cambio cultural

La construcción de modelos en salud con enfoque intercultural constituye un enorme desafío que requiere de nuevas habilidades en los equipos técnicos del sector. Para ello, se han desarrollado numerosas estrategias de sensibilización y capacitación del personal, orientadas al conocimiento de la cosmovisión, historia, saberes y prácticas en salud de los pueblos originarios.

El proceso de cambio cultural ha sido gradual y heterogéneo, desde “negaciones” y “aceptaciones” hasta, en algunos casos, reconocer “otros liderazgos” en salud[6]. Lo primero ha sido intentar construir relaciones de confianza entre ambos sistemas médicos y modelos de salud. Para la salud oficial, significa cambiar desde un modelo biomédico a uno más integrador, con un enfoque psico-socio-cultural, espiritual y biológico, en el cual se debe reconocer que existen otros actores –los agentes de salud indígena– que también saben. La apuesta, en definitiva, ha sido construir con ellos un espacio de encuentro respetuoso y de colaboración.

El trabajo con los dirigentes, autoridades y agentes de salud indígena es otra de las tareas urgentes que se ha venido desarrollando. Lo principal, en ese ámbito, ha sido la propia definición de necesidades y acciones a implementar. El gran objetivo es contribuir al reconocimiento, protección y desarrollo de los conocimientos y prácticas tradicionales en salud de los pueblos indígenas. Una gran inversión se ha realizado en esta área; no obstante, no pasa de ser un comienzo donde aún hay mucho por hacer.

El fundamento de este cambio paradigmático es que ningún sistema médico es capaz de satisfacer todas las demandas de salud que presenta una población multicultural. Para los técnicos, esto implica dejar de concebir el modelo biomédico como el único deseable, válido y efectivo[7]. Deben reconocer que hay otros agentes y poblaciones que tienen conceptos de salud-enfermedad diferentes, y que hay enfermedades que el sistema de salud oficial no puede tratar, pues carece de los códigos para entender su etiología, rehabilitación y prevención.

Desde la dimensión intercultural se conciben al menos dos modelos de salud, uno oficial y otro indígena (que también evidencia prácticas del modelo “popular”). Acerca de las relaciones que se establecen nos hemos preguntado: ¿puede el sistema oficial dar respuesta a las necesidades de salud de los pueblos originarios, considerando sus conceptos de salud-enfermedad, prácticas y modelos de sanación? Una de las estrategias ha sido buscar la “pertinencia cultural” en la provisión de servicios, entendida como la adecuación de criterios, protocolos y contenidos occidentales a las particularidades culturales y lingüísticas de las poblaciones beneficiarias; es decir, que los servicios de salud se modifiquen y se adapten a prácticas culturales variadas, como el uso de idiomas nativos y el respeto de las prácticas culturales de embarazo, parto, nutrición y alimentación[8].

Las características del Modelo de Salud Intercultural

Las innovaciones realizadas abordan desde cambios estructurales hasta procesos, pasando por normativas y nuevos roles: por ejemplo, “facilitadores interculturales” en el modelo de atención[9].

Otros cambios responden a demandas, como horarios de atención, incorporación de señalética apropiada, sistema de referencia y contrarreferencia, asistencia de agentes tradicionales a pacientes hospitalizados, los que constituyen avances importantes, pero que no abordan en profundidad aspectos conceptuales.

¿Cómo avanzamos en el afianzamiento del reconocimiento y valoración de los aportes de unos y de otros? ¿Cómo adelantamos en la construcción de la salud como un bien colectivo? En un marco de interculturalidad, han pretendido encontrarse para trabajar juntos, buscando mantener relaciones horizontales de respeto y colaboración.

Sobre la base de los resultados de la última década, especialmente de las experiencias que se han ido desplegando en el quehacer de los servicios de salud, se ha elaborado la Norma Técnica Administrativa N° 16, sobre interculturalidad en los Servicios de Salud[10], la cual señala estrategias y acciones posibles actualmente en el sector público de salud, norma que constituye un mandato e imagen objetivo.

En suma, la forma en que se procura avanzar en la incorporación de un enfoque intercultural en el modelo de atención tiene en los servicios de salud distintos grados de desarrollo y responde a decisiones que el conjunto de los actores ha ido construyendo. No existe sólo una forma de avanzar, sino muchas. Ellas permitirán ir evaluando y consolidando estos procesos en el tiempo. El modelo médico dominante sigue siendo occidental y aún es incipiente el proceso de cambio cultural. Los esfuerzos por ampliar la participación de las comunidades tienen todavía poco impacto; no obstante, en las experiencias que se desarrollan en los servicios de salud los procesos son sostenidos.

Lo avanzado hasta ahora ratifica la importancia de una voluntad política, del compromiso de ambas partes, de la existencia de financia-miento regular, de la participación directa de los pueblos originarios y de mantener procesos de monitoreo y evaluación participativa.

La interculturalidad ya no es sólo una “transversal” introducida a regañadientes entre las políticas del Estado, muchas veces tomada como “moda” que folcloriza “lo indígena”. Es la piedra angular de un profundo proceso de cambio cultural en el que indígenas y no indígenas empezamos a ser capaces de construir una nueva relación desde nuestras “identidades”. La salud intercultural es como “un cubo mágico: imposible armar una cara sin afectar a los demás lados”[11].


NOTAS:


[1] Ministerio de Salud. Ley de Autoridad Sanitaria Nº 2763. Santiago de Chile: MINSAL; 2004

[2] OPS/OMS. Resolución CD37.R5; 1993

[3] OPS/OMS. Resolución CD40.R6; 1997

[4] Oyarce AM. Sistematización sobre los avances del proyecto Enfoque de Salud con Población Mapuche. Temuco: Documento de Trabajo, Servicio Salud Araucanía; 1996

[5] Ministerio de Salud. Orientaciones Técnicas Programa Nacional de Salud y Pueblos Indígenas. Santiago de Chile: MINSAL, División de Rectoría y Regulación sanitaria; 2004

[6] Sáez M. Demandas y Necesidades en la Utilización de Servicios de Salud de Atención Primaria por parte de la Población Mapuche residente en dos Comunas de la Región Metropolitana. Santiago de Chile: Tesis Magíster en Salud Pública, Facultad de Medicina, Universidad de Chile; 2003

[7] Ministerio de Salud. Política de Salud y Pueblos Indígenas. Santiago de Chile: MINSAL, FONASA, Programa de Salud y Pueblos Indígenas; 2006

[8] Ministerio de Salud y OPS/OMS. Encuentro Internacional Salud y Pueblos indígenas. Logros y desafíos en la Región de las Américas. Puerto Varas, Región de Los Lagos, Chile: 13 a 15 de noviembre de 2000

[9] Los facilitadores interculturales trabajan en establecimientos de la red de servicios. Ellos desarrollan actividad directa con pacientes indígenas, personal de salud y organizaciones y dirigentes. Participan en rondas médicas y colaboran en la derivación de pacientes desde el sistema médico occidental al sistema médico indígena, posibilitando así una atención oportuna y pertinente

[10] Ministerio de Salud. Norma Administrativa N° 16, sobre Interculturalidad en los Servicios de Salud. Santiago de Chile: MINSAL, Resolución Exenta 261, 28 de abril de 2006

[11] Michaux J. Hacia un Sistema Intercultural de Salud en Bolivia. En: Fernandez G. (Coord.) Salud e Interculturalidad. Perspectivas Antropológicas. Quito: Abya Yala, Bolhispania, Universidad Castilla La Mancha; 2004

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