Ilustraciones: Letras Libres / Mauricio Gómez Morín

 

Rawls, el contractualismo tradicional y el concepto de justicia
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Liliana Virginia Siede

Magister en Sociología y Ciencia Política. Especialista en Bioética y Salud Pública. Licenciada en Desarrollo Social. Docente UBA; UMSA. Investigadora UBACYT. Miembro del CBE Hospital Eva Perón. Coordinadora del CBE Policlínico Docente (OSPLAD).

 

Resumen 

El presente trabajo explora y recorre algunas ideas en torno al concepto de justicia  que Rawls utiliza en el desarrollo  de su teoría  que parte  de la tradición contractualista.

Va a sostener que la base más apropiada para una sociedad democrática es la utilización del  concepto de justicia como imparcialidad.  Este concepto  dice, surgirá y será acordado a partir del “contrato social” que una sociedad establece,   como  resultado de un procedimiento político  que  refleja la estructura de representación equitativa arraigada en la llamada  posición original.

Profundizo en el comienzo de la modernidad,  sobre las significaciones que caracterizaron al contexto histórico y que dieron lugar a la aparición del contractualismo , iniciando de esta manera, el planteo del problema del poder desde la perspectiva política y como hecho político, descartando, las ideas anteriores de derecho divino o deberes naturales.

La concepción del hombre se traduce en el principio de libertad como autonomía moral y en el principio de igualdad, ambos pilares, sobre los que se asentará  la base moral para la realización del hombre como ser libre, en una sociedad más justa.

En el contractualismo, se destacan las teorías políticas más gravitantes, en referencia a la significación del contrato social como instrumento de consenso político ampliando sus coincidencias y divergencias fundamentalmente,  en su interpretación del estado de naturaleza y el estado civil a través del contrato social.

Finalmente, en el nuevo contractualismo y John Rawls se destacan algunas premisas materiales que el autor utiliza para el desarrollo de su propuesta, en la que sostiene que “la plenitud de su fuerza conceptual, aun hoy, puede ser apreciada en el contractualimo clásico “[1] , sustrato que dará origen a su teoría de la justicia.

La modernidad, algunos conceptos 

Quisiera plantear algunas reflexiones con la época en que se desarrollo el contractualismo como movimiento de ideas y teorías y exponer algunos de sus conceptos que están concatenados con conceptos de amplia actualidad que serán tomados por los neocontractualistas y  que serán utilizados en este caso por Rawls en su teoría de la justicia.

La respuesta de la religión revelada de la etapa anterior, respecto del fundamento de la moral diferirá notoriamente.  El juicio sobre el bien y el mal se situará en el hombre y surgirá de su naturaleza.

Esta sustantividad moral del siglo XVIII sostendrá a su vez,  entre sus pensadores,  diferencias en la interpretación de la naturaleza del hombre en sus aspectos más relevantes.

La virtud, el sentimiento, la razón, la libertad, el interés, la sociabilidad conforman los matices que darán significaciones a esa naturaleza humana.

En primer lugar, la teoría moral tiene lugar en el marco del combate contra los fundamentos que proporciona la religión revelada[2]. La religión determina nuestra creencia, las leyes, nuestras costumbres y nuestras virtudes. Kant señalaba a la religión como el campo de batalla de la ilustración como uno de los obstáculos que hay que remover no solo para poder pensar libremente, sino también para ser capaz de actuar libremente[3].

En segundo lugar, se parte de una nueva concepción del hombre. Con los nuevos descubrimientos, la nueva representación del universo  que tiene lugar en el Siglo XVII conduce a una nueva representación del concepto y del lugar del hombre en el mundo. Se es hombre antes de tener una religión[4].

En tercer lugar, la característica de la naturaleza humana que tiene mayor resonancia como sustento moral será la razón en unos casos, y en otros, los sentimientos, libertad, interés o utilidad. También están los que sostienen que lo básico es el egoísmo o amor propio o la sociabilidad.

Otro concepto fuertemente unido a esta moral pretendidamente laica es la felicidad. El disfrute de la vida mundana, reemplazará al mandato del logro de la vida celestial reemplazando de esta forma, la motivación de la acción del hombre.

Ahora bien, liberados del dogma religioso, del pecado original, superado ese binomio del premio-castigo, los pensadores de esta época, tendrán que hallar el camino que guíe el comportamiento individual del hombre, desde la instancia egoísta en esa búsqueda de felicidad. La respuesta que darán a esta cuestión, será entonces la de articular la felicidad y la moral, de donde surge la noción de sociabilidad[5].

La sociabilidad será concebida como ideal de felicidad, como práctica de virtud. La cuestión es buscar la armonía entre ambas. Ser dichoso es ser virtuoso.

Será definida como la benevolencia hacia los demás hombres, disposición a hacer el bien, a conciliar nuestro felicidad con la de los otros y a subordinar siempre nuestro provecho particular al provecho común y general. De este principio derivarán todas las leyes de la sociedad[6].

Si profundizamos este concepto, el punto en que se produce el pasaje del hombre natural al hombre social proyecta la contradicción de naturaleza-sociedad[7].

Rousseau será el que propondrá pensar la sociedad como condición de posibilidad de realización ideal. El dirá, “la moral no puede ser más que una moral social”[8].

En su “Discurso sobre el origen de la desigualdad”, Rousseau afirma que, la sociabilidad como principio natural tiene ciertos límites. El ser humano es bondadoso por naturaleza, pero la sociedad ejerce sobre él su acción corrupta. Los males y los vicios en el hombre, va a sostener, proceden de la permanente oposición entre naturaleza y sociedad.

Ya en el Contrato Social va a concebir la sociabilidad, como la necesidad de favorecer la voluntad común que está por encima del beneficio individual, como una forma de defender y proteger a la persona y bienes de cada uno pero de modo tal que cada uno de estos, uniéndose a todos, sólo obedezca a sí mismo y lo haga tan libremente como antes. En este caso surgirá otro concepto fundamental que es el de libertad.

Es importante observar que, al traducir el principio de sociabilidad en reglas de conducta en la nueva sociedad señala la igualdad de los hombres como un principio que hay que tener en cuenta –además de la obligatoriedad recíproca implícita en la sociabilidad-, para lo que se requerirá libertad.

Ahora bien, si no somos libres, ¿Cómo podremos hablar de deberes, cómo puede ser posible la moral? El problema básico que subyace en este debate no es otro que la concepción del hombre.

Si bien, la sociedad para buscar los fines sociales, debe ejercer sobre él una coacción, en donde no importa si los hombres son buenos o malos por naturaleza, la obra social consistirá en la organización e institucionalización de esta coacción; considerará, la sociabilidad como el fundamento de la moral,  en esta incluye la libertad.

“No es tanto el entendimiento lo que distingue específicamente los animales y el hombre cuanto su calidad de agente libre”[9].

Reafirma este concepto en “El Contrato Social, cuando Rousseau habla sobre el último grado de la desigualdad, que es el de la esclavitud, y se refiere a la condición irrenunciable que distingue al hombre como hombre constituyéndose en el único fundamento de la moral: “Renunciar a la libertad –dice Rousseau-, es renunciar a la condición de hombre a los derechos de la humanidad  (…). Tal renuncia es incompatible con la naturaleza del hombre, y eliminar la libertad de su voluntad implicaría arrebatar todo tipo de moralidad a sus acciones”[10]. La libertad, como principio fundamental de la moral.

Kant, llamará a esa libertad moral, autonomía. “El principio de autonomía es el único principio de la moral”. Teniendo en cuenta la naturaleza del hombre, y lo que el hombre puede hacer de sí mismo conformando así, la base de su dignidad.

Puede considerarse que el fundamento moral del Siglo XVIII es la libertad y la igualdad. Para lograrlas es necesaria la realización del hombre como ser libre en condiciones sociales y políticas que deben estar inspiradas por el principio de igualdad.  De allí la importancia del contrato social.

El principio de libertad como autonomía moral 

Durante mucho tiempo la libertad será interpretada como posibilidad de elección entre mandatos divinos y pasiones  humanas de modo que la ley provenía de algo externo al hombre y por lo tanto la libertad quedaba restringida a optar entre lo que determinaba la divinidad y los propios deseos.

Para autores como Benjamín Constant (De la libertad de los antiguos comparada con la de los modernos[11]), la libertad nos remite al sentimiento del disfrute de algunos bienes fundamentales para el desarrollo de la personalidad humana. Entendida como ausencia de impedimento o coacción.

Sin embargo Rousseau en el Contrato Social va a sostener que los hombres,  al aparecer sobre la tierra, se hallan en lo que se llama estado de naturaleza que se caracteriza por ser un estado de absoluta libertad donde cada hombre hace lo que quiere y no tiene que dar cuenta de ninguno de sus actos. Todavía no existe ningún gobierno, no hay autoridad, ni leyes ni tampoco ninguna organización social ni política.

Pero dice también,  que llegará el  momento en que los hombres se darán cuenta de la conveniencia de agruparse para defender mejor su vida, libertad y propiedad,  eligiendo entonces,  en esta organización,  alguien para que gobierne. Y esto será posible mediante un acuerdo libre entre los hombres para elegir a sus gobernantes.

La obediencia a la ley que uno ha prescrito es libertad[12], la llama también libertad moral porque es la única que convierte al hombre en dueño de sí. El pueblo que logra obedecer la ley que se da a sí mismo logra la libertad política.

Si la soberanía popular es ante todo, el poder de hacer la ley y esta tiene entre los fundamentos de su legitimidad, la libertad, la constitución civil tendrá entonces, como objetivo que la libertad de cada uno sea compatible con la de los demás.

Kant, por su parte excelente lector de Rousseau no sólo ha expresado el primer punto de vista en su concepto de autonomía moral, sino que además, al derivar la idea de derecho del concepto ético de libertad, garantizará a su vez jurídicamente la libertad política. La constitución civil, como hemos observado, tiene como primer objetivo que la libertad de cada uno sea compatible con la de los demás.

La libertad política concebida como idea nace e intenta plasmarse. Y este acontecimiento representa el origen del desarrollo histórico de la libertad moral y política – y del derecho a la libertad o a las libertades- en las democracias modernas.

El principio de  igualdad 

La igualdad puede entenderse como ciertas características de distribución hechas por un actor al menos entre otros dos o bien como normas que establecen l forma en que deben efectuarse esas distribuciones.

Se puede decir que los seres humanos son iguales o desiguales únicamente en relación con ciertas características que deben especificarse. La dignidad, es la  única característica que comparten por  su naturaleza humana.

La igualdad y el concepto de justicia tienen un carácter común importante: ambas pueden afirmarse sólo por reglas que establecen que ciertos beneficios o cargas deben distribuirse entre las personas.

Las reglas de distribución están conformadas de tal manera que cualquier beneficio o carga específica debe distribuirse o negarse a [13]una persona según tenga o no la característica sustantiva determinada,  lo que requiere una consideración de valor.

Un sistema moral o jurídico es igualitario si todos los beneficios o cargas se distribuyen en partes iguales  para todos.

La Revolución Francesa proclamó que a todas las personas se les debía reconocer los mismos derechos fundamentales, es decir a todos los ciudadanos en cualquier sistema político por sus  respectivos gobiernos.

Para algunos autores el tema de la igualdad es el tema político moral por  excelencia que se heredó de la ilustración.

El problema, podemos afirmar, no es la igualdad, sino la diferencia (…) La igualdad ilustrada se movió al compás del par poder/riqueza.

Esto nos remite al Discurso sobre el origen de la desigualdad de Rousseau en donde analizará el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres. El destaca esta situación como el problema fundamental de la sociedad de su tiempo.

Rousseau descubrió en los distintos escenarios de pobre/rico poderoso/débil, amo/esclavo, las diferentes formas o grados de desigualdad.  A la primera la llamó desigualdad económica, a la segunda, desigualdad jurídico-política y  a la tercera, desigualdad social.

Para eliminar las formas y los grados de desigualdad y de la consiguiente dominación o dependencia arbitraria del hombre, dice, es necesario que el hombre se reencuentre, haciendo que se convierta en sujeto moral, no obedeciendo otra ley que aquella que se da a si mismo, que convierte al hombre verdaderamente en su propio dueño[14]”.

El valor de la igualdad va a establecerlo desde una perspectiva moral. 

Tanto para Rousseau como para Kant, el valor moral de las acciones y de las relaciones humanas radica en aquello que específica al hombre como tal, esto es, en el hecho de que el hombre es un ser capaz de darse a si mismo su propia ley, en definitiva en el hecho de ser autónomo.

La salida que va a proponer Rousseau en el Contrato Social, es la  lógica consecuencia del principio de igualdad entendido  en sentido normativo: los hombres deben ser moralmente iguales. Y,  desde esta perspectiva, se observa  la coherente descripción de las formas y grados de desigualdad, así como la necesidad de transformar las condiciones que generan desigualdad en otras que hagan posible una sociedad más justa y más igual.

Rousseau va a considerar que el punto más álgido de la sociedad desigual es la esclavitud. “Es éste el último punto de la desigualdad y el punto extremo que encierra el círculo: es aquí donde todos los particulares vuelven a ser iguales, puesto que no son nada, y, al no tener los sometidos otra ley que la voluntad del dueño, ni éste, -otra regla que sus pasiones-,  las nociones del bien y los principios de la justicia se desvanecen de nuevo; es aquí donde todo se reduce a la ley del más fuerte[15]”.

Deben crearse las condiciones para la realización autónoma del hombre y del ciudadano, y el punto más oscuro de la sociedad desigual se transformará en punto de partida. Cada persona, lejos de ser un objeto o mercancía con precio intercambiable, es un fin en sí; en lugar de verse atado a leyes que el hombre no se ha dado a sí mismo, en adelante ya puede pensar en verse sólo “sujeto a su propia legislación, que a la vez es universal” y “obligado a obrar sólo en conformidad con su propia voluntad legisladora[16]”.

“La autonomía es, pues, el fundamento de la dignidad de la naturaleza humana”. La necesidad de establecer que todos los hombres deben ser reconocidos tanto individual como colectivamente como fines en sí mismos, postula la base teórica y la exigencia ética para que sean tratados como tales, es decir, como iguales desde el punto de vista moral.

En este contexto, la revolución francesa, representó la  revolución de la igualdad y de la libertad.

En primer lugar, logró la supresión del marco jurídico del ancien régime que amparaba la más profunda desigualdad con la abolición de los derechos feudales de 1789.

En segundo lugar, la aprobación, también en 1789, de la Declaración de los Derechos del Hombre y del ciudadano, que expresa la  base nueva de la Constitución que regulará la nueva sociedad, donde se declara que los hombres nacen y permanecen libres e iguales en sus derechos como así también se reconoce no sólo la igualdad ante la ley, sino también el derecho de todos los ciudadanos a participar, personalmente o a través de sus representantes, en su elaboración.

Y en tercer lugar, la abolición de la esclavitud en las colonias por decreto de la Convención en 1794.

El contractualismo 

El contractualismo representa un movimiento que comprende un conjunto  de teorías políticas que ven el origen de la sociedad y el fundamento del poder político a través de un contrato. Es decir, un acuerdo tácito o expreso entre varios individuos que pone fin a un estado de naturaleza y dan inicio de esta manera, al estado social y político. Ven en el contrato un instrumento de emancipación del hombre pero solo de emancipación política. Pretende, proporcionar un estándar moral común que la gente pueda suscribir de manera razonable y libre.

En la etapa previa a la ilustración se pensaba que las obligaciones derivaban de un orden natural o divino. Cada persona, tenía una función en el mundo determinada por Dios o la naturaleza y sus deberes se cumplían desde ese lugar. Entonces, con la ilustración se producirá el cuestionamiento de los diversos elementos que integran estos sistemas éticos y recurrirán al contrato social. “Uno de los primeros elementos en socavar fue la doctrina del derecho divino de los reyes[17]”.

Los reyes eran hombres y mujeres comunes que heredaban o usurpaban un cargo extraordinario. Pero si todos los hombres son iguales por naturaleza cómo y porqué legitimar que algunas personas manden y otras obedezcan.

El contractualismo parte de la necesidad de instaurar las relaciones sociales y políticas basándose en aquel instrumento de racionalización que es el derecho, o de ver en el pacto,  la condición formal de existencia jurídica del Estado. Funda el poder sobre el consenso.

El modelo contractualista se conforma a partir de un punto de partida que es el estado de naturaleza y el punto de llegada corresponde al estado civil, mientras que el medio a través del cual se dará  el paso de uno a otro será, el contrato social.

Pero en la lógica contractualista el estado de naturaleza y el estado civil se contraponen el mundo animal en el que cada uno sigue sus propios impulsos y el reino humano ordenado por la razón que logra a través del contrato social,  unificar las voluntades individuales[18].

El estado de naturaleza 

Como dijimos anteriormente el estado de naturaleza implica un punto de partida propio del género humano en todo tiempo y lugar. En tal condición originaria los seres humanos existen como individuos libres (Es decir que no tienen obstáculos para actuar), iguales y racionales que aun no establecieron relaciones colectivas. Sin embargo este concepto será visto en forma diferente.

Para Hobbes[19], existe la asociabilidad por la fuerza de las pasiones. En el hombre en estado puro va a sostener,  existe la competencia por la ganancia, la desconfianza por la seguridad, la gloria por la reputación que produce un estado de guerra de cada uno en contra de todos.

El derecho natural está representado por la libertad en el sentido de no tener restricciones, para que todos busquen autoconservarse. Por lo tanto la ley natural es el imperativo de buscar la auto conservación. Entonces, será la búsqueda de la paz su primera consigna, ya que la disposición del hombre  en su estado natural es la envidia,  la agresividad y la  codicia constante,  que conducen a la guerra y es el sentimiento del miedo el que persuadirá al hombre,  a la búsqueda de la paz.

Para Locke se llega a la sociabilidad por la fuerza de la razón. El estado de naturaleza es un estado de libertad dentro de los límites de la ley natural, la que prohíbe la destrucción de la persona y sus propiedades. Todo acontece en ausencia de un juez común. Sin embargo todos tienen el poder para castigar al que transgreda y exigirle que repare o prevenga daños futuros.

En cambio para Rousseau, el estado de naturaleza es un estado de igualdad absoluta, bondad innata, sin moral y lejos de la creencia religiosa en el pecado original.

La piedad y la autoconservación son virtudes naturales que se equilibran de forma mutua. Los hombres son libres y no son enemigos. La guerra es una relación que se predica por los Estados. La guerra es generada  por el poder de atracción que tienen las ambiciones producida por la misma sociedad.

El estado civil a través del contrato social 

El estado civil, se refiere a la sociedad, pasaje del estado de naturaleza a través del contrato social.

Este punto esta concatenado también con el concepto de sociabilidad.

El pasaje del hombre natural al hombre social da lugar a la creación de un origen político que presupone la existencia de otros órdenes materiales.

El contractualismo hace del poder el eje central de las relaciones sociales. La estructura del cuerpo social se conformará a partir de reglas políticas que tratarán de resolver el problema de la violencia y el despotismo.

Hobbes, desde el gobierno de una monarquía absoluta va a proponer al contrato social como una manera de superar el estado de naturaleza, cuyo significado es el estado de guerra.

Por lo tanto a través del contrato social, la institución de la civitas intentará la paz. Pacto que sustenta un estado que puede usar  la fuerza y los recursos de todos para asegurar la paz y la defensa común. El soberano goza de plenos poderes entre los súbditos.

Locke en cambio, desde una monarquía moderada o parlamentaria, como gobierno, sostendrá que el contrato social crea el cuerpo político de tal forma que,  los ciudadanos no pierden su libertad, propia del estado de naturaleza. Pueden reaccionar legítimamente contra los gobiernos despóticos. El estado civil es preventivo del estado de guerra.

Por su parte, Jean Jacobo Rousseau dirá que el hombre en la naturaleza es bueno  y trae la imagen del “buen salvaje”, vive en condiciones  de igualdad absoluta.

Va a proponer el regreso del hombre  a su primigenia situación ya que al aparecer la sociedad, este hombre comienza a perder libertad y se comienza a vislumbrar las desigualdades sociales como consecuencia del derecho de propiedad y la organización social que la sostiene.

La sociedad va a reproducir la desigualdad social donde los hombres se unen supuestamente para defender a los débiles pero en realidad lo que hacen es defender los intereses de los más ricos. Rousseau va a proponer un nuevo contrato social basado en el establecimiento de una forma de asociación mediante la  cual cada uno al unirse a todos, no obedezca más que a sí mismo y quede tan libre como antes. Este pacto creará la voluntad general que estará representada en el soberano, ejecutor de la ley que emana la voluntad general. De este modo, Rousseau entiende establecer la soberanía popular y la libertad individual porque al hacer contrato con la comunidad, cada individuo está realizando también contrato con sí mismo, en tanto al obedecer a la voluntad general, está siguiendo su propia voluntad.

El nuevo contractualismo – John Rawls 

El contractualismo enfrenta el problema del poder desde una perspectiva doble, la política y el hecho político. Discute las condiciones de legitimidad del poder y propone el procedimiento deliberativo que permite a la sociedad organizarse. Representa una doble tarea de emancipación.

En las teorías clásicas se puede distinguir dos perspectivas, que si bien coinciden desde un esquema formal similar, respecto del punto de partida es decir, -en un estado de naturaleza conducente a la necesidad del pacto-, se distancian en relación a premisas materiales que las sostienen como así también en relación a los resultados que surgen de la aplicación del contrato.

Los principios oscilarían desde la seguridad y la libertad por un lado (Hobbes, Locke –introduciendo este último la propiedad privada como institución aseguradora de aquellos principios-), hasta la igualdad y la justicia social por otro, en los que Rousseau y Kant destacan el vínculo que establecen entre libertad e igualdad a partir de la consideración del estatus moral de las personas”[20].

El nuevo contractualismo, parte del pacto social, es decir las reglas del juego que deben establecerse antes de efectuarlo con el objeto de encontrar el fundamento en la obligación política y el respeto a la ley.

John Rawls, máximo exponente del contractualismo kantiano-Rousseeauniano, sostendrá, que las personas importan por sí mismas en forma igualitaria por lo tanto cada persona tiene derecho a un trato igual.

Esta consideración originará un deber natural de justicia y buscará una maximización de la igualdad intentando, definir un principio universal de justicia (de la justicia distributiva entendida como equidad).

Él parte del contrato social en un nivel de abstracción tal vez, más elevado que el de Rousseau y Kant. Por medio de la  ficción de la posición originaria[21]. En ella, el hombre como condición hipotética, libre y racional, puede escoger en forma autónoma, los principios de justicia de la futura sociedad política.

Este hombre parte en esa posición original con un velo de la ignorancia[22]. Es decir desconociendo sus propios dones naturales y posición social futura. Pero sabiendo, sobre los problemas de la sociedad y los valores morales.

Es así que formula los principios de justicia que son, que cada individuo posee igual derecho a la más amplia libertad posible, compatible con otra libertad igual para los demás; y las desigualdades sociales y económicas deben ser estructuradas de modo que sean racionalmente productoras de ventajas para todos y vinculadas a posiciones y comisiones igualmente abiertas a todos.

Se propone soluciones en la búsqueda de una intervención del estado en la vida social y económica y propone así nuevos límites constitucionales.

El objeto de la justicia es la estructura básica de la sociedad, el modo en que las instituciones sociales distribuyen los derechos y los deberes fundamentales y determinan la división de las ventajas provenientes de la cooperación social.

Cooperación social como acto conjunto en donde se eligen los principios que van a determinar esos derechos y deberes básicos y determinan la decisión de los beneficios sociales.

El Contrato Social, implica entonces, pluralidad y aceptación de principios. Y esto connota su carácter público. El acuerdo de los ciudadanos desde su naturaleza pública con el objeto de lograr la justicia como imparcialidad.

Este concepto se extiende en relación con el Estado, quién debe elegir la política que se considere justa tal y como la evaluaría un observador ecuánime e imparcial oculto tras un velo de ignorancia. Esto significa en consecuencia que al formular la política pública debemos aspirar a mejorar el bienestar de la persona que se encuentra en la peor situación dentro de la sociedad. La regla de Rawls se llama criterio de maximin, según el cual, el Estado debe aspirar a maximizar el bienestar de la persona peor situada en la sociedad.

Algunas reflexiones 

El acuerdo a través del contrato social es un recurso para identificar las exigencias de imparcialidad o beneficio mutuo, que constituyen el fundamento real de la obligación de los ciudadanos.

Los contractualistas clásicos hablaron de personas que abandonan su estado de naturaleza para crear relaciones políticas.

Es claro que existe una tradición contractual basada en el derecho natural, en el beneficio mutuo y en la imparcialidad como recurso contractual que parte de tradiciones diferentes, justificadas también en diferentes razones.

Para Rawls la idea de contrato social es un procedimiento que encarna un principio básico de deliberación imparcial en el que cada persona tiene en cuenta las necesidades de los demás como seres libres e iguales.

Pero como no siempre todos los seres son libres e iguales, se debe partir desde una posición de igualdad, es decir, la llamada posición original.

Esta posición original representa la igualdad entre los seres humanos como personas morales y es a través del contrato, como instrumento, que se determinará nuestro deber natural de justicia.

Este es el rol del contrato social desde una posición original de igualdad. A partir de estas posiciones de contratación, cada ciudadano, cada parte, otorga una consideración imparcial a los intereses de cada miembro de la sociedad. Y de esa forma se conduce a una igualdad de derechos y de recursos.

Si bien existe una igualdad desde el estatus moral de las personas, se invoca a la adhesión de normas éticas internas como nuestro sentido de justicia, para explicar la razonabilidad de obedecer los deberes morales.

Muchas sociedades democráticas se preguntan sobre los bienes o cargas que deben acceder los ciudadanos que las conforman. Esta cuestión se plantea en términos generales formulados bajo el término de justicia distributiva, donde se visualiza no solo un problema moral sino político y en donde se expresan las fallas de la relación entre el Estado y el mercado.

¿Cómo es posible justificar moralmente principios y mecanismos de justicia distributiva bajo condiciones de extrema desigualdad?

Rawls, buscará  establecer de alguna manera, los principios morales que tornan a una sociedad justa, elegidos por medio de un contrato social a partir de una posición original, donde se establece un acuerdo en cuanto al procedimiento equitativo de modo que sean justos los principios acordados.

De esta manera,  sienta las bases para la igualdad equitativa de oportunidades, estableciendo los principios de justicia y la organización de una asamblea constituyente de la que emerja la organización política,  el derecho y las libertades fundamentales.

Es la justicia que más se aproxima a la base moral y apropiada para una sociedad democrática, es decir, la justicia como imparcialidad que se establece a través del contrato social.

Bibliografía consultada 

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NOTAS:


[1] Rawls, John. Teoría de la Justicia. México: Fondo de Cultura Económica. 1993. Pág 10

[2] [2] Para Pierre Bayle (1647-1706) La ética no se basa en absoluto en la religión ni depende de ésta. Es perfectamente posible una sociedad atea y al mismo tiempo altamente moral” LOCHUK, MT: OBERMAN, E. y otros. Historia de la Filosofía Tomo I. Moscú: Editorial Progreso. Pág. 248.

[3] Bello, E, Rivera, A. La actitud ilustrada. Barcelona: Biblioteca Valenciana, Pág. 67.

[4] Al refutar las representaciones directamente sensoriales de los hombres sobre la inmovilidad de la Tierra y el movimiento del Sol, el descubrimiento de Copérnico robustecía y consolidaba la convicción en la capacidad de la razón humana para acercar la verdad “IOVCHUK, MT. OZESMIAN, T Y otros. Compendio de Historia de la Filosofía. La Habana; Editorial Pueblo y Educación. 1980. Pág. 137.

[5] Y otro concepto que se expresará en este contexto será el de las pasiones. En el hombre es la pasión el equivalente  la energía en la naturaleza. “La moral no tiene porqué entrar en combate contra las pasiones llamadas corrompidas. Por el contrario tiene que admitir que estas pasiones son buenas en sí mismas cuando no se reemplazan por pasiones artificiales a las pasiones naturales. Esta rehabilitación de las pasiones es el tema común de casi todos los filósofos” Bello, E; Rivera A. La actitud ilustrada. Biblioteca Valenciana, Valencia, 2002. Pág. 67

[6] Quinteros, Pablo. Naturaleza, cultura y sociedad. Hacia una propuesta teórica sobre la noción de sociabilidad. Universidad Central de Venezuela. Gazeta de Antropología. Nro 21. Texto 21.

[7] Sin embargo, algunos autores, verán en esta paradoja una clara lógica. Quinteros por ejemplo, sostiene que la sociabilidad es: 1, una capacidad natural y un medio cultural. 2, es el principio mediante el cual los hombres crean vínculos, entre sí, tramas complejas de significados que definen al mundo y a sí mismos. 3, la sociabilidad constituye un orden general de existencia, que crea tramas sociales complejas y coherentes formando un mecanismo homogeneizante en donde encajan tanto la identidad social como la identidad personal de los individuos. Quintero, Pablo. Op. Cit. Pág. 18.

[8] “Del principio de sociabilidad, escribe Diderot, derivan como de su fuente, todas las leyes de la sociedad, y todos los deberes para con los otros hombres, tanto generales como particulares. Tal es el fundamento de toda la sabiduría humana, la fuerza de todas las virtudes puramente naturales, y el principio general de toda moral y de toda la sociedad civil”. Bello, E; Rivera A. La actitud ilustrada. Biblioteca Valenciana. Valencia, 2002. Pág. 69.

[9] Rousseau, Jean Jacques. Del contrato Social.  Sobre las Ciencias y las Artes. Sobre el Origen y los Fundamentos de la Desigualdad entre los hombres. Alianza Editorial, Madrid, 1996. Pág. 16

[10] Rousseau, Jean Jacques. Op. Cit. Pág. 10

[11] Constant, Benjamín. Del Espíritu de conquista. Tecnos. Madrid, 1988.

[12] Rousseau, Jean Jacques. Op. Cit., Pág 22.

[13] Bello, E.; Rivera, A. (Eds). Op.Cit., 67-82.

[14] Rousseau, Jean Jacques. Op. Cit., Pág. 23

[15] Rousseau, Jean Jacques. Op. Cit., Pág 266

[16] Rousseau, Jean Jacques. Op. Cit., Pág. 35.

[17] Singer, Peter. Compendio de Ética. Alianza Editorial. Madrid. Pág. 276.

[18] Para Althusius y Pufendorf habría una distinción a tener en cuenta en el contrato social. “Por un lado tenemos pacto de asociación, entre los diversos individuos, que así pasan del estado de naturaleza al estado social decidiendo vivir juntos; por el otro, tenemos el pacto de sumisión, que en cambio instaura el poder político al cual se promete obedecer. El primero crea el derecho, el segundo crea el monopolio de la fuerza; con el primero nace el derecho privado, con el segundo el derecho público. En el primero los contratantes se encuentran en una situación de paridad, cada uno comprometiéndose con todos y por lo tanto libre de hacerlo mientras que el segundo sirve para crear una relación de subordinación y el individuo no es libre, dado que en este caso rige la regla de la mayoría. En el primer prima el principio de igualdad. En el segundo el principio paterno de la dominación, en el cual la relación se establece entre gobernantes y gobernados” Bobbio, Norberto y otros. Diccionario de Polític. Ediciones Siglo XXI. España, 2000. Pág. 360.

[19] (1588-1679) representa uno de los máximos exponentes del contractualismo, escuela que floreció en Europa entre el Siglo XVII y XVIII)

[20] Fernandez, Leost, José Andrés. Contractualismo y utilitarismo como teorías legitimadoras de la intervención estatal. Revista El Catoblepas. Número 26. 2004. Pág. 14.

[21] Los individuos acuerdan los términos que definen los derechos y obligaciones básicas de los ciudadanos en una sociedad civil. En cuanto mecanismo de representación, la posición original modela dos cosas; en primer lugar, como las condiciones equitativas bajo las cuales  los representantes de los ciudadanos deben acordar los términos de la cooperación social expresadas por los principios de justicia, los que regularán la estructura básica y segundo modela –aquí y ahora-, las razones en virtud de las cuales, las partes adhieren a ciertos principios de justicia. Rawls, John. La justicia como equidad. Paidós. Argentina. Pág. 120.

[22] Se le impone a las partes, es decir los ciudadanos representativos, la simetría de su situación con respecto a los demás y los límites de su conocimiento. Rawls, John. Op. Cit., Pág. 125

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